Barras de Dios
Y oí una fuerte voz que desde el Santuario decía a los siete Ángeles: "Id y derramad sobre la Tierra las siete copas del furor de Dios." (Apocalipsis 16.1)
El secretario del Estado Mayor de la Defensa, el General H. Solo, no sabía como combatir los atroces dolores estomacales que le causaban las últimas malas nuevas que llegaban, su úlcera estaba fuera control, como su anticuado y en teoría fuera de servicio, microsatélite XSS-11. ¿Qué diablos hacía activo y operativo?. Se suponía que era chatarra interestelar. Descatalogado hacía casi un siglo, aquel chisme capaz de atacar e inutilizar satélites de comunicaciones militares enemigos ahora era un serio quebradero de cabeza para el Estado Mayor.
Desde tierra, se dio la orden a varias aeronaves X-41A, del programa CAV (Common Aereo Vehicle), pequeños aviones hipersónicos capaces de salir fuera de la atmósfera y atacar con bombas inteligentes cualquier punto del planeta, para que destruyeran aquella molesta mosca cojonera, cuya trayectoria, objetivo y programa-memoria, los técnicos Centro de Control Aeroespacial, se afanaban en descubrir.
No era fácil, era un microsatélite antediluviano, del cual apenas quedaban piezas en el museo de la ciencia, pero la base de datos del CPD tenía registro de los más triviales hechos.
El XSS-11 se dirigía hacia uno de los espejos reflectores, uno de los águilas, el EAGLE 45 (Evolotionary Air and Space Global Laser Engagement) y esos eran también, 45, los minutos que la primera X-41A tardaría en llegar y destruir al satélite esquirol. Demasiado tiempo.
Aquella andrajosa basura estelar, parecía dotada de vida propia, capaz de gobernarse a si misma, y lo que nadie intuía desde Tierra, es que aquella bola de fuego de intensa luminosidad que había atravesado el cielo, una semana atrás, llevaba en su seno las semillas del mal, la vaina de un Lucifer inteligente, manipulador y desafiante a las leyes de Dios , que ahora controlaba aquel insignificante montón de chatarra.
Ahora, el XSS-11, programado como un virus para invadir otros sistemas mecánicos estelares, controlaba al EAGLE 45, un sistema basado en espejos vinculados a satélites que son capaces de desviar hacia la tierra disparos laser disparados desde cual lugar, y los X-41A iban a convertirse en juguetes, unirse al enemigo, de ser armas de destrucción, pasarían a ser aliados, gobernados por aquella semilla del mal.
El general H. Solo había dado carpetazo a las insistentes peticiones de la molesta ONU, cuando sus representantes se presentaron ante el congreso, invocando un inédito Derecho del espacio aprobado hacía más de cuatro siglos, en un lejano 1967, que aseguraba el principio de no apropiación del espacio y la no utilización del mismo con fines bélicos.
El 1º de noviembre de 1999, en el marco de ese concepto de bien común de la humanidad, una resolución de la ONU, titulada "Prevención de la carrera armamentística en el espacio exterior", que hacía un llamamiento a usar el espacio únicamente con fines pacíficos, fue aprobada por 138 votos a favor y ninguno en contra. Sólo hubo dos abstenciones: los Estados Unidos y el Estado de Israel.
Aquellos molestos y pusilánimes representantes de una obsoleta ONU, también le leyeron las antiquísimas palabras pronunciadas por un político que gobernaba por aquellas fechas, Kog Quai, Ministro Chino de exteriores, y que venían a decir :
El espacio exterior es la fortuna conjunta de la humanidad
Todo eso son papeles viejos. Y con otros papeles viejos, el general les contestó :
De la misma manera que no podemos esperar luchar con éxito la próxima guerra con el equipo que se utilizó en la última guerra, de hecho tampoco podemos ver una victoria en la siguiente guerra, utilizando las mismas políticas de la guerra anterior. Para poder prepararnos mejor para el futuro, también tenemos que activar nuestro pensamiento. Necesitamos el debate nacional sobre las políticas existentes y suscitar preguntas que tengan que ver con las capacidades y posibilidades militares en el espacio
Con estas palabras, rescatadas del discurso de otro general, cuatro siglos atrás, H. Solo dio por zanjado la controversia y mandó a casa, con un amargo sabor de boca, a todos los dirigentes de aquella poco efectiva y no vinculante Organización de Naciones Unidas.
Desde su puesto de mando, en su bunker, el general H. Sólo dio la orden de armar los X-41A y disparar contra el satélite descarriado. Jamás llegó a suponer que el EAGLE 45 , bajo el control del satélite, rechazó aquel ataque, sus espejos hicieron de Eco, hicieron rebote y todos los X-41A quedaron desintegrados en la atmósfera exterior.
El general cayó sobre su silla, impotente, mesándose los cabellos.
- Usen los EAGLE 44 y 46 Gritó H. Solo Destruyan esa maldita cosa, y destruyan al EAGLE 45. ¿Cómo hemos podido perder su control?.
Como afanadas abejas obreras, los acólitos del general, ejecutaban sus órdenes milimétricamente, pero eran órdenes que llegaban tarde, 44 y 46 estaban bajo control del enemigo exterior, y no respondían a sus mandatos.
- Activen el estado de emergencia. Quiero todos los sistemas activos y bajo control. Todos.
¿Qué está ocurriendo?. ¿Alguien puede decirme que está pasando ahí afuera?.
- Señor, el XSS-11 ha variado su rumbo Señor, se dirige hacia la plataforma de control de las Barras de Dios.
Las Barras de Dios arrojan sobre el objetivo cilindros metálicos que no explotan, pero que causan el mismo efecto que una pequeña bomba nuclear, por la velocidad y la altura, las barras pueden ser de titanio, uranio o tungsteno, con peso de 100 kg. Y alcanzar velocidades de 11.000 km/h.
El séptimo (ángel) derramó su copa sobre el aire; entonces salió del Santuario una fuerte voz que decía: "Hecho está".
Se produjeron relámpagos, fragor, truenos y un violento terremoto, como no lo hubo desde que existen hombres sobre la tierra, un terremoto tan violento.
Y un gran pedrisco, con piedras de casi un talento de peso, cayó del cielo sobre los hombres. No obstante, los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del pedrisco; porque fue ciertamente una plaga muy grande. (Apocalipsis, 16.17, 16.18, 16.20)
Los pocos supervivientes del holocausto, fueron convocados en un lugar llamado en hebreo
Harmaguedón, entre ellos, H. Solo, que llegaba como ladrón, como falso profeta, por cuya boca salían espíritus inmundos que alzaban sus preces hacía el espacio exterior, intuyendo la llegada de
El secretario del Estado Mayor de la Defensa, el General H. Solo, no sabía como combatir los atroces dolores estomacales que le causaban las últimas malas nuevas que llegaban, su úlcera estaba fuera control, como su anticuado y en teoría fuera de servicio, microsatélite XSS-11. ¿Qué diablos hacía activo y operativo?. Se suponía que era chatarra interestelar. Descatalogado hacía casi un siglo, aquel chisme capaz de atacar e inutilizar satélites de comunicaciones militares enemigos ahora era un serio quebradero de cabeza para el Estado Mayor.
Desde tierra, se dio la orden a varias aeronaves X-41A, del programa CAV (Common Aereo Vehicle), pequeños aviones hipersónicos capaces de salir fuera de la atmósfera y atacar con bombas inteligentes cualquier punto del planeta, para que destruyeran aquella molesta mosca cojonera, cuya trayectoria, objetivo y programa-memoria, los técnicos Centro de Control Aeroespacial, se afanaban en descubrir.
No era fácil, era un microsatélite antediluviano, del cual apenas quedaban piezas en el museo de la ciencia, pero la base de datos del CPD tenía registro de los más triviales hechos.
El XSS-11 se dirigía hacia uno de los espejos reflectores, uno de los águilas, el EAGLE 45 (Evolotionary Air and Space Global Laser Engagement) y esos eran también, 45, los minutos que la primera X-41A tardaría en llegar y destruir al satélite esquirol. Demasiado tiempo.
Aquella andrajosa basura estelar, parecía dotada de vida propia, capaz de gobernarse a si misma, y lo que nadie intuía desde Tierra, es que aquella bola de fuego de intensa luminosidad que había atravesado el cielo, una semana atrás, llevaba en su seno las semillas del mal, la vaina de un Lucifer inteligente, manipulador y desafiante a las leyes de Dios , que ahora controlaba aquel insignificante montón de chatarra.
Ahora, el XSS-11, programado como un virus para invadir otros sistemas mecánicos estelares, controlaba al EAGLE 45, un sistema basado en espejos vinculados a satélites que son capaces de desviar hacia la tierra disparos laser disparados desde cual lugar, y los X-41A iban a convertirse en juguetes, unirse al enemigo, de ser armas de destrucción, pasarían a ser aliados, gobernados por aquella semilla del mal.
El general H. Solo había dado carpetazo a las insistentes peticiones de la molesta ONU, cuando sus representantes se presentaron ante el congreso, invocando un inédito Derecho del espacio aprobado hacía más de cuatro siglos, en un lejano 1967, que aseguraba el principio de no apropiación del espacio y la no utilización del mismo con fines bélicos.
El 1º de noviembre de 1999, en el marco de ese concepto de bien común de la humanidad, una resolución de la ONU, titulada "Prevención de la carrera armamentística en el espacio exterior", que hacía un llamamiento a usar el espacio únicamente con fines pacíficos, fue aprobada por 138 votos a favor y ninguno en contra. Sólo hubo dos abstenciones: los Estados Unidos y el Estado de Israel.
Aquellos molestos y pusilánimes representantes de una obsoleta ONU, también le leyeron las antiquísimas palabras pronunciadas por un político que gobernaba por aquellas fechas, Kog Quai, Ministro Chino de exteriores, y que venían a decir :
El espacio exterior es la fortuna conjunta de la humanidad
Todo eso son papeles viejos. Y con otros papeles viejos, el general les contestó :
De la misma manera que no podemos esperar luchar con éxito la próxima guerra con el equipo que se utilizó en la última guerra, de hecho tampoco podemos ver una victoria en la siguiente guerra, utilizando las mismas políticas de la guerra anterior. Para poder prepararnos mejor para el futuro, también tenemos que activar nuestro pensamiento. Necesitamos el debate nacional sobre las políticas existentes y suscitar preguntas que tengan que ver con las capacidades y posibilidades militares en el espacio
Con estas palabras, rescatadas del discurso de otro general, cuatro siglos atrás, H. Solo dio por zanjado la controversia y mandó a casa, con un amargo sabor de boca, a todos los dirigentes de aquella poco efectiva y no vinculante Organización de Naciones Unidas.
Desde su puesto de mando, en su bunker, el general H. Sólo dio la orden de armar los X-41A y disparar contra el satélite descarriado. Jamás llegó a suponer que el EAGLE 45 , bajo el control del satélite, rechazó aquel ataque, sus espejos hicieron de Eco, hicieron rebote y todos los X-41A quedaron desintegrados en la atmósfera exterior.
El general cayó sobre su silla, impotente, mesándose los cabellos.
- Usen los EAGLE 44 y 46 Gritó H. Solo Destruyan esa maldita cosa, y destruyan al EAGLE 45. ¿Cómo hemos podido perder su control?.
Como afanadas abejas obreras, los acólitos del general, ejecutaban sus órdenes milimétricamente, pero eran órdenes que llegaban tarde, 44 y 46 estaban bajo control del enemigo exterior, y no respondían a sus mandatos.
- Activen el estado de emergencia. Quiero todos los sistemas activos y bajo control. Todos.
¿Qué está ocurriendo?. ¿Alguien puede decirme que está pasando ahí afuera?.
- Señor, el XSS-11 ha variado su rumbo Señor, se dirige hacia la plataforma de control de las Barras de Dios.
Las Barras de Dios arrojan sobre el objetivo cilindros metálicos que no explotan, pero que causan el mismo efecto que una pequeña bomba nuclear, por la velocidad y la altura, las barras pueden ser de titanio, uranio o tungsteno, con peso de 100 kg. Y alcanzar velocidades de 11.000 km/h.
El séptimo (ángel) derramó su copa sobre el aire; entonces salió del Santuario una fuerte voz que decía: "Hecho está".
Se produjeron relámpagos, fragor, truenos y un violento terremoto, como no lo hubo desde que existen hombres sobre la tierra, un terremoto tan violento.
Y un gran pedrisco, con piedras de casi un talento de peso, cayó del cielo sobre los hombres. No obstante, los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del pedrisco; porque fue ciertamente una plaga muy grande. (Apocalipsis, 16.17, 16.18, 16.20)
Los pocos supervivientes del holocausto, fueron convocados en un lugar llamado en hebreo
Harmaguedón, entre ellos, H. Solo, que llegaba como ladrón, como falso profeta, por cuya boca salían espíritus inmundos que alzaban sus preces hacía el espacio exterior, intuyendo la llegada de
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Y me quedo corto.